“Experiencias de cuidado hechas cuerpo/s al cuidar de sí, de los otros y del ambiente. Estudios de casos múltiples. Córdoba (2014-15)”

31 julio 2015
Categoría:
UNC - Investigaciones
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Directora: Mter.Cs.Soc SILVIA GATTINOInvestigadores: Lic.T.Soc. María Eugenia Chacarelli (Subsecretaria. Provincial Adultos Mayores, Docente UNC), Lic T. Soc Florencia Cocha (SENAF, maestranda UNC), Ab. María Laura Favot (Tribunales  familia, CEA-UNC), Lic. T.Soc Paula Silva (SENAF- Adscripta UNC), Lic. T.Soc. Evelin Toranzo (Adscripta UNC), Lic. Nutric. Esteban Massobrio (Docente UNC), Lic. Nutric. Raquel Susana Acosta   (Docente UNC)

http://entretemas.com.ar/el-cuidado-de-si-y-el-cuidado-del-otro-debates-filosoficos-a-partir-de-michel-foucault/

Planteo del problema.  Antecedentes y Análisis bibliográfico.

 

Este proyecto es una continuación de la línea de investigación (2006-2013). En particular, recupera nuestras reflexiones éticas-políticas y teóricas más recientes, en torno a lo que significa “cuidar” en nuestra cultura, según distintos actores y escenarios. (Gattino, et.al, 2011) así como los últimos debates en torno a la ética del cuidado en nuestra cultura, las huellas del Otro en las experiencias  de cuidado, la impronta de todo ello en la configuración de la subjetividad y la caracterización de tejidos, redes de prácticas, relaciones y representaciones, conceptualizadas como tramas de cuidado: familiares, institucionales y entre pares para cuidar de sí, de los otros y del ambiente (Gattino, comp., et.al, 2013) Sólo agregamos ahora que es apropiado pensar al cuidado como resultante de una pluralidad compleja de prácticas, nunca como un acto, un discurso, una norma, un gesto. Por el contrario el cuidado es una malla invisible –en algunos casos invisibilizada- de muchas prácticas, actores, creencias y patrones de comportamientos individuales y colectivos. En tal sentido cuidar es un gesto plural y una perspectiva ética para sostener al otro (y lo otro), que parte del cuidado y el conocimiento de sí. (Gattino, 2013)

¿Por qué los actores cuidan o no? ¿En base a qué dicen estar cuidando? ¿Por qué lo hacen del modo en que lo hacen en cada contexto singular? ¿Qué de ellos  hace que “le pongan el cuerpo” a una situación que demanda cuidado, o bien, que decidan no hacerlo? Ello despierta nuestro interés por conocer las huellas de aquellas prácticas, es decir, qué experiencias de cuidado vivenciaron los cuidadores, las mismas que forjando sus creencias y significados, disponen a la acción de cuidar en el presente y le dan sentido y significación como tal, esto es, se hacen cuerpo (individual o institucional) Nos interesa hacerlo captándolo en sus actos expresivos, atentos a sus sensibilidades en torno a la cuestión planteada.

El tema del cuidado constituye un territorio cultural complejo. Los diversos paradigmas que conviven y configuran las creencias respecto de lo que es e implica cuidar, están presentes en nuestras sociedades y culturas conformando una textura densa de creencias, argumentaciones y prácticas sociales.  Cuidar es sentir-vivenciar-experienciar el resguardo de condiciones necesarias para la emergencia legítima de la alteridad en interjuego con el sí mismo. Dicho experienciar emerge cuando cuerpo –emociones-vivencia se expresan en acciones para sostenerse y/o sostener a otros.  Qué es cuidar, qué debe ser cuidado y quiénes deben hacerlo, son problemas confusos aún en la agenda social y política actual, y en el sentido común, las percepciones del mismo no alcanzan aún para situarla en el status de asunto de responsabilidad colectiva, motivo de atención e intervención. Es importante instalar la concepción de políticas del cuidado, que habiliten a sistemas integrales de atención (en los que la naturaleza no quede ajena) Ello remite a estilos de desarrollo vigentes.

Nuestra construcción en esta línea nos ofrece la posibilidad de asumir al conjunto de prácticas de cuidado dentro de marcos relacionales (actores-redes) y en dinámicas complejas: 1) los sujetos receptores de cuidado, o de otro modo, ¿quiénes deben ser cuidados? (en nuestras observaciones: adolescentes y adultos mayores) 2) los cuidadores, o ¿quiénes cuidan? y 3) las condiciones del cuidado, que remiten a los entornos y al ambiente (el cual emerge siendo red de objetos, condiciones, lazos sociales, aspectos naturales existentes en ese aquí y ahora de la vivencia del actor que le hacen posible ser, percibir la totalidad y percibirse a sí mismo, decir y hacer) En estos sistemas y tramas complejas de cuidado, un nodo clave toma cuerpo en la figura del/de los cuidador/es, quienes nos interesan de modo particular en este estudio. Nuestras investigaciones y otros antecedentes consultados convergen en resaltarlos en la lectura de la organización social de los cuidados. Respecto a la tarea de los cuidadores institucionales, hemos podido apreciar que el tipo de intervención de los profesionales demanda, y al mismo  tiempo interpela, la  exposición del cuerpo en las tareas que tienen que ver con la trama del cuidado de adolescentes y sus familias en situaciones de alta vulnerabilidad. Hemos registrado en ellos sentimientos y vivencias de vulnerabilidad, ligadas a las condiciones en que deben llevar a cabo su tarea de cuidado, signadas por vacíos en la trama y la omisión del Estado como garante de las condiciones en sus ambientes de trabajo. Es por demás significativo que sus discursos remitan a la necesidad de cuidado físico y emocional, como condición fundamental para el ejercicio de su trabajo. Más aún tratándose de una  actividad  que implica la exposición permanentemente al contacto con el dolor, interactuar con dinámicas de violencia, constatar sus daños, aspectos que  se registran y se  inscriben en el cuerpo. Sostenemos que la  trama institucional del cuidado en este escenario, se hace cuerpo en los cuidadores, generando, nutriendo y reproduciendo representaciones acerca del  cuidado de  sí, del otro y  del ambiente, que se  corporizan  en las prácticas. No cuidar a quienes cuidan (u ocupan posiciones familiares, profesionales y/o laborales para proveer cuidados institucionales) es en sí mismo un nodo de vulneración del derecho a recibir cuidados. Qué y cómo hacerlo, se responden desde creencias y cosmovisiones que hacen a los parámetros éticos relativos a responsabilidades particulares según patrones asignados y asumidos desde el género, la edad, clases sociales, etnias, economías de la distribución de los cuidados, entre otros.

Los cuidadores no son una categoría a-priori, sino emergente de sistemas complejos y dinámicos que se configuran como sus contextos relacionales, desde y en la diversidad social y cultural.  Cuidadores son los agentes individuales y/o colectivos, institucionales, que asumen la responsabilidad del cuidado de los miembros más vulnerables de los hogares, o de los dependientes en el hogar; así como quienes asumen las responsabilidades sociales y públicas fuera del mismo, atendiendo a la complementariedad entre Estado, mercado, familias y comunidades (Gattino et al., 2011). Cuidadores somos cuando actuamos para sostener a otros en sus procesos de integración subjetiva, familiar, social (Winnicott) o cuando conservamos el equilibrio ecológico entre nosotros y el mundo. Ahora bien: comenzamos a ser cuidadores cuando nos ocupamos de nosotros mismos. Allí arribamos claramente a la noción de cuidado de sí.

De acuerdo con el pensamiento de Foucault, el tema del cuidado de sí es ético en sí mismo e implica relaciones con los otros. Siguiendo al autor, el cuidado de si se entiende como un conjunto de prácticas mediante las cuales el individuo establece cierta relación consigo mismo y en esta relación, se constituye a sí mismo en sujeto de sus propias acciones. Cuidar de sí es conocerse a sí mismo, ocuparse de sí para que sus pensamientos y acciones, de acuerdo con sus vivencias, conlleven valores adquiridos de su experiencia de vida para cuidar a los otros. Destaca Foucault que el cuidado de si abarca tres aspectos fundamentales: 1) es una actitud con respecto a sí mismo, a los otros y al mundo 2) es una manera determinada de atención, de mirada (del exterior al interior prestando atención a lo que se piensa) 3) implica una serie de acciones por las que el sujeto ejerce sobre sí, se hace cargo de sí mismo, se purifica, se transforma. (Lanz, en G.Giraldo, G. Zuluaga, 2013) Los aportes de Foucault desde su “biopolítica”, hacen reflexionar sobre la solidaridad como cuidado del otro, potencia el ejercicio político para el bien común, necesario para garantizar la existencia. Es por ello que el cuidado de si presupone el reconocimiento de la existencia del otro (Franco, 2009)

El cuidado de sí es una experiencia, o tal vez, un conjunto de experiencias. Ponemos  el acento en el concepto de experiencia por entender que las prácticas de cuidados son intersticios en donde la cultura deja sus huellas en cada uno de nosotros como vivencia y creencias, a partir de nuestra  experiencia de vida en diversas cadenas de cuidados, incluyendo sus vacíos. ¿Qué es la experiencia? ¿Dónde y cuándo ocurre? Para empezar, junto con Larrosa,J. (2009), diremos que “la experiencia es eso que me pasa”, que ocurre en mí, me transforma e impacta en Otros y en el mundo. Ahora bien: eso que me pasa es un acontecimiento no reductible a nuestras  palabras, ideas, sentimientos, saberes, poder y voluntad, sino ligado a las de otras y otros. De allí que eso que me pasa, habla en el lenguaje de muchas/os, conlleva un principio de alteridad y de exterioridad. (Gattino-comp.- 2013) El acontecimiento se manifiesta como algo externo a mí, pero la experiencia ocurre en mí: en el lugar de mis ideas, mis palabras, mis sentimientos, mi cuerpo, mis proyectos y disposiciones a la acción, mis representaciones, intenciones, saberes, voluntad y poder. Siendo todo ello no solamente experimentado sino expresado en distintos lenguajes en nuestro mundo. En consecuencia, la experiencia es un acontecimiento que me transforma, y trasforma al Otro, a lo otro y al mundo. Este principio de reflexividad y subjetividad supone que no es posible hablar de la experiencia en general, así como no hay experiencia de nadie, sino que la experiencia es para cada cual, la suya: singular, particular, única. Como nos enseña Najmanovich, D. (2001): “El término “experiencia” se utiliza con muy diversos sentidos (…). Es por eso que muchos autores hemos comenzado a utilizar un nuevo verbo: “experienciar” para dar cuenta de las experiencias no deliberadas ni planeadas. En esta línea, los trabajos de Scribano, A. (2012, 2013) aportan una concepción que no desvincule radicalmente espacios, cuerpos y emociones en los estudios sociales y de acción colectiva. “Los-cuerpos-se-observan-situados-en-emociones” y a la inversa. La relación entre cuerpos, emociones y experiencia es el resultado de una construcción social. Dice el autor que “Lo que sabemos del mundo lo sabemos por y a través de nuestros cuerpos(…) en ese aquí y ahora se instalan los dispositivos de regulación de las sensaciones mediante los cuales el mundo social es aprehendido y narrado(…)hablaremos de cuerpos y energías corporales individual (construcción filogenética) subjetivo (auto percepción del individuo como espacio de percepción del contexto y el entorno en tanto locus de la sensación vital enraizada en la experiencia de un yo como centro de gravitación de sus prácticas) y social (en tanto estructuras sociales incorporadas que vectorizan al cuerpo individual y subjetivo en relación a sus conexiones en la vida-vivida-con-otros-y-para-otros) El autor habla de la noción de políticas de los cuerpos como estrategias de la sociedad para regular emociones, crear sensibilidades y disponer de los cuerpos en los procesos de estructuración de poder, mediante mecanismos de soportabilidad social alrededor de un conjunto de prácticas hechas cuerpo que se orientan a la evitación sistemática del conflicto social.

Los aportes de Foucault en torno al cuidado de sí y las tecnologías del yo, los aportes de las sociología de los cuerpos y las emociones trabajados en nuestro medio por A. Scribano, Boitto, Espoz; las lecturas de sistemas y dinámicas complejos trabajados en Cs. Sociales desde Morin (entre otros) así como los debates surgidos del campo de la ética del cuidado, desde L.Boff (retomando a Jonas, Levinas) sostendrán nuestras interrogaciones y discusiones teóricas a la lo largo del proceso investigativo. Con todas estas perspectivas profundizaremos el conocimiento del anclaje de las representaciones sociales y paradigmas subyacentes y avanzaremos en develar en gran medida la génesis y soporte de las intervenciones sociales, institucionales, comunitarias, profesionales. En tal sentido, retomando nuestro sendero en los campos empíricos en torno a las adolescencias y los adultos mayores en diversidad de contextos poblacionales y culturales,  nos interesa en este proyecto reconocer las mediaciones culturales e institucionales en las posturas de los cuerpos (individuales o colectivos) Llegaremos a ello adentrándonos a las experiencias de quienes identificaremos como cuidadores, atendiendo a sus vivencias, actos-acciones, significados, emociones, sensaciones, sentimientos; creencias y representaciones, registro del cuidado, huellas e improntas. Específicamente, pondremos énfasis en las experiencias de cuidado de sí, re-tomando la capacidad expresiva de los actores así como las grietas de sus narraciones, por donde podamos llegar a sus sensibilidades respecto de los cuidados personales, familiares e institucionales por ellos registrados como significativos y en los que reconozcan sostener sus prácticas presentes al cuidar a  otros.

En este orden, nos planteamos el siguiente problema: en los casos a observar en el campo de la adolescencia y de los adultos mayores en situaciones de vulneración o abandono, en diversos contextos institucionales y culturales,  ¿qué experiencias de cuidado de sí de los cuidadores, toman cuerpo en las acciones e intervenciones para cuidar a los otros y al ambiente?

PROYECTO INVEST 2014-15

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